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VIOLENCIA SIMBÓLICA: MÁSCARA DE OPRESIÓN

Rebeca Ramos Rella

ESCENA 1: En el alto. Una tarde, dentro del carro, ella esperaba. Se acercó un “limpia parabrisas”; tendría unos 20 años y como todo los que intentan sobrevivir con unas monedas al día por este “servicio express” y no solicitado, se abalanzó sobre el costado del carro, exprimió su botella, tiró el chorro y ante la negativa de la conductora, sonrió burlonamente y continuó su labor, pero al percatarse que ella usaba una minifalda y sentada al volante, ésta se subía un poco más mostrando sus muslos. El muchacho en vez de apurarse, insistió en bajar los ojos hurgando entre el agua turbia y el poco jabón mugroso que distorsionada la claridad del cristal, movía la cabeza con ansiedad para quizá poder mirar más allá de entre las piernas expuestas e indefensas ante el morbo lascivo de su mirada clavada. Ella le gritaba molesta y buscando su saco, lo puso encima para cubrirse, pero ya la ofensa estaba hecha. A la luz verde, ella se bajó del auto y ante las carcajadas y la huida del agresor, el coraje y la frustración la invadieron.

ESCENA 2: Es común observar en un restaurante a parejas sentadas degustando; grupos de mujeres y de hombres; a familias completas con todo y la abuelita; hallar mesas mixtas donde las amigas y los amigos departen. En un vistazo rápido puede una inferir que es gente que se conoce y que por alguna razón comparten en colectivo la sal y el pan. Incluso una misma puede estar tomando un café con un buen amigo para charlar. Pero hay un detalle que no falla. La mayoría de los hombres, jóvenes, maduros, ancianos sentados, entrando, saliendo, comensales o meseros. La cuestión es cuando una mujer, adolescente, joven, madura, decide transitar cerca de la mesa o se levanta al “tocador” de pronto. Conocida o desconocida, no importa. Ella se levanta, pasa cerca o camina de espaldas y de 10 hombres, quizá 2 o 3 despistados, no voltean a mirarle las nalgas, todos los demás lo hacen cínicamente, suciamente, ofensivamente.

Pero no miran por ver, sino encueran con ojos obscenos. Retuercen el cuello, ignoran a sus contrapartes en el diálogo, se evaden al mundo del instinto por unos segundos…hasta se agachan para recoger algo que han tirado a propósito para intentar ver algo por debajo. Mirar y quedarse pasmado por un par de nalgas femeninas pasar en la calle, en la oficina, en la escuela, en el banco, en el supermercado, en todo ámbito donde las mujeres andamos…”Ésta es como la carretera de Veracruz a Coatzacoalcos…tiene buenos tramos…”

Se recuerda que en plena sesión del Senado de la República, eran memorables las minifaldas de las edecanes que atendían a los senadores y senadoras, pero más, observar a distancia a los célebres senadores arquearse por completo desde sus escaños para bajar la cabeza a ras del suelo y buscar “algo que ver” mientras las chicas descendían pequeñas escaleras. Pasaba en el recinto antiguo de Xiconténcatl.

ESCENA 3: ¡Qué guapa te ves hoy! ¿Ese traje es nuevo? No te lo había visto. A ver, déjame verte. Camina para allá. Date una vuelta. El jefe a su asistente.

ESCENA 4: Estaba segura de que al preparar mi maleta había metido mi minifalda de encaje. Pensaba estrenarla en la cena de amigas que tenía agendada. Él estaba viendo la televisión y a la vez, me observaba empacar. Allá, nunca hallé mi minifalda. La busqué, estaba segura que la había traído. Una mañana, semanas después, al cambiar la ropa de cama, mi faldita hermosa salió de entre el colchón y la base. Estaba hecha un desastre. ¿Por qué escondiste mi minifalda? Sonrió con algo de burla y travesura. Lo hice por mí. Por mi tranquilidad, contestó.

ESCENA 5: La televisión. Veo los noticieros y una buena película, a veces las series de suspenso; Game of Thrones y Maigret de menos. Detesto los comerciales pero a veces hay que soportarlos. Me chocan. Los de autos carísimos, siempre el tipazo y su conquista, la super modelo, una mujer bella, que le gana su carrazo y quien parece interesarse más en él, porque maneja ese auto…dos objetos de lujo. Pero no así cuando quieren vender artículos de limpieza, nuevas tecnologías para el hogar, desodorantes, detergentes, limpia pisos; alimentos, cosas para bebés y niños…siempre dirigidos a mujeres y protagonizados por mujeres. ¿Dónde están los hombres en las tareas del hogar? Y las cinturillas para achicarla, las cremas milagrosas contra las arrugas, la celulitis, las extensiones de cabello…los canales de videos…esos videos que muestran mujeres frondosas, ligeras de ropas, lacias todas, bocas de colágeno, prótesis exageradas, todas, el objeto del amor y del deseo; del dolor o de la traición, pero si ¡Todas se ven igualitas! El estereotipo de cómo debemos vernos para ser la fascinación o desesperación de ellos y no precisamente amorosa.

ESCENA 6: Amiga ayúdame a escoger los accesorios para este vestido. Tú eres buena en eso. Tengo que ir a esa boda y me sentarán en una mesa de gente importante. Angustiada. Es que tengo que quedar bien…

ESCENA 7: ¿Ya pasó la diputada? ¿Qué dijo? ¿Tienes la nota? Sí cab… te la paso, calma. Pero te la perdiste. No sabes qué escote traía. Se veía re-buena. Se cae de buenota. Yo sí le daba…se lo daba…mi voto…

ESCENA 8: Aquí está el texto que me pediste. Espero te guste. Mmmmmm, OK, gracias. A ver, fulano, chécalo…busca a este señor y coméntale lo que necesitamos…pero que te acompañe fulano.

ESCENA 9: Ya no voy a regresar. ¿Hiciste mi discurso de cierre? Léelo tú y ya sabes, agradece en mi nombre y échale porras al jefe. Entendido. La audiencia interrumpió unas cuatro veces a la oradora con aplausos sonoros. Hola. Mira, me apena, pero me pide la jefa que a partir de ahora y cuando sean tus eventos y ella no esté, sólo hable el director jurídico y de gobierno.

ESCENA 10: ¿¿¡¡Cómo que te que vas de la casa y a vivir sola!!?? ¿Estás loca? ¿Estás embarazada? ¿Te vas a vivir con algún hombre? No. No voy a pasar de un yugo a otro, no. Quiero ser independiente, quiero ser libre. ¡¡No sabes lo que dices!! Es muy duro vivir solo. Tengo 27 años, un buen trabajo y puedo sostenerme, ya es hora. Me mandaste al extranjero desde los 8 años; me fui a los 12, a los 14 a los 18 ¿Por qué no puedo vivir sola? Ya me mantengo. ¡No, no y no hija, no estoy de acuerdo! No puedes. No eres capaz. Se fue y su padre dejó de hablarle más de un año.

ESCENA 11: ¿Ya llegó el escritor? Ya bajo, voy a recibirlo. Buenas tardes señorita. Bienvenido maestro. Pase por aquí por favor. Gracias. Sígame, es por aquí. Suben unas escaleras. Ah! ¿Está allá arriba…el jefe? No lo conozco. Ella sonríe con un poco de fastidio. Siéntese por favor. Ahora sí, dígame ¿En qué puedo servirle? ¿Va a venir él? ¿No está? Frente a frente en el escritorio. Maestro, soy yo la Representante de Gobierno. Ah caray! No pues va a estar difícil tratar con una mujer. Con un hombre es más fácil. Nos vamos a una cantina y salen las cosas…

ESCENA 12: Recurrente durante toda la vida. ¿¿¡¡Sabes cuál es tu problema!!??… que te pasas…de inteligente…¿Sabe cuál es su problema, licenciada? Es usted muy inteligente. El problema contigo es que eres muy inteligente, hija…

ESCENA 13: Hola. ¿Vienes solita? Se dejó venir desde el otro lado del bar. Estoy esperando a mis amigas, que ya se tardaron. Vengo con mi hermano, estamos por allá. Ah qué bien…eres extranjero ¿Verdad? Sí. Soy de Persia. ¿De Persia? Eso ya no existe. Ahora se llama Irán. Aaahh!! Eres listita…Fin. ¿Y qué te dijo, amiga? ¿Está guapo? Este tipo supone que sus conquistas sólo atinan a saber de su país por el “Rey de Persia”, la película; por tanto, apuesta que todas somos unas ignorantes y que nos va a seducir con espejitos o de perdis con lámparas de Aladino. Claro que, si dijera que es de Irán, algunas pensarían en los bombazos, los terroristas y las mujeres tapadas sin derechos en su país…bye…sin futuro.

ESCENA 14: Pues ya no te casaste, pero por lo menos hubieras tenido un hijo…para que no te quedes sola. Tienes una matriz y eso te da una razón para tu vida. ¿Quién te va a cuidar cuando estés vieja? Las mujeres debemos ser madres. Para eso venimos a este mundo…Años después…¿Sabes hija? Ya entendí. Es cierto. No todas las mujeres tienen como misión tener hijos; hay mujeres que vinieron para hacer otras cosas, como dices. Tienes razón. Tono derrotado.

ESCENA 15: ¿No te has casado? ¿Por qué no te casaste? ¿No te gustan los hombres?

ESCENA 16: En la mesa, comiendo en familia. Oye, caliéntale unas tortillas a tu hermano. Comiendo. El padre le pone en la cara el plato que ya terminó. Quiere que se levante y se lo retire. En la sobremesa. Hija, ayúdame. Vamos a recoger. Veme pasando los platos para lavarlos…el padre y el hijo varón conversan calmos, mientras las mujeres se apuran a despejar.

ESCENA 17: ¿Cómo le va señora? Gusto en saludarla. ¿Qué decidió su hija? ¿Me va a rentar la casa? Me urge. Sí mire, estamos pensando. Está entre usted y una familia con dos niños chiquitos. Lo que pasa es que…pues usted es una mujer soltera y pues es más difícil rentársela a usted. Oiga, yo voy a pagarle la renta igual, eso es lo único que debe importarle y lo que haga o no en la casa es de mi incumbencia ¿No cree?

ESCENA 18: En la estética. Estaba viendo sus medias. Sí, son de red. Sí…¿Son cómodas? Claro, hace calor y las de nylon como que queman ¿No? Y mire, las hallé color carne. Sí…pero ésas son las que usan las…teiboleras, bueno, las bailarinas ¿No?

ESCENA 19: Amiga, la particular me preguntó por ti. Te va a llamar, te necesita de regreso. Le urge una buena secretaria. ¿Qué pasó, la buscaste? Sí, pero ya sabes, no la voy a poder tener aquí. Él es muy especial. Cuida mucho la imagen. Ya sabes, pura muñequita. ¿Qué hace esa pi… vieja aquí? ¡No quiero verla en mi oficina! Amiga, me da mucho gusto que hayas vuelto pero ¿Por qué estás aquí abajo? Lo escuché. La regañó bien feo. Le dijo que yo estaba muy vieja para que me vieran sus visitas. Que me buscara un escritorio en el edificio, ni modo, me aguanto porque necesito trabajar…

ESCENA 20: ¿Tú eres la coordinadora de asesores? ¡Qué sorpresa! Estas muy guapa y muy joven para ese cargo…no te imaginé así…

ESCENA 21: Dialogan, planean las únicas 4 de 32, representantes de gobernadores. Estamos ideando crear la asociación de representantes de gobierno…llega nuestro compañero homólogo entonces por el Estado de México, recientemente subsecretario de Sedesol, Director de Profeco, aspirante a gobernar su estado…¿Y ahora qué están tramando? Cuidado con lo que traen…¿Ora qué mitote? Viejas mitoteras…

ESCENA 22: Celular apagado. Plantón, retraso, cambio de jugada en la rutina. ¡Aaaassshh ya vas a empezar! Estás loca. ¿Por qué no piensas? ¿Por qué no razonas? ¡Todo lo inventas! ¡Todo lo arruinas! ¡Te estás imaginando cosas, me cansas! ¡Ya cállate! Ya me voy. No quiero hablar contigo. No se puede hablar contigo. No entiendes nada. Dices puras pen…sandeces.

La violencia simbólica se practica y se expresa sutilmente o de forma “natural” mediante actitudes, gestos, patrones de conducta, apariencias, actividades y creencias, que fomentan un concepto desigual y discriminatorio contra las mujeres, quienes en la mayoría de los casos ¡No nos damos cuenta!

Pero nos revelan imposición de roles, estereotipos y actitudes que se toman como algo “normal”, porque y lo afirma la especialista investigadora mi querida gurú y hermana, Martha Mendoza Parissi, la construcción cultural que nos han impuesto no nos permite ver con claridad que nos están violentando.

Así por ejemplo en comerciales, en las redes, en audiovisuales, telenovelas y demás, a las mujeres nos muestran en segundo plano y bajo esquemas y actividades donde impera el mensaje de opresión y de subordinación, con respecto a los roles y estereotipos de los varones, que la sociedad patriarcal establece como “lo que debe ser o como son las cosas”.

Tal vez ni por enteradas o pensamos que “así debe ser” pero la violencia simbólica también se manifiesta en veladas críticas ofensivas o en tono de burla y sarcasmo contra nosotras: “Estás loca…no piensas…cómo te gusta inventar cosas…” clásicas frases machistas, de mofa y ofensa a nuestra capacidad intelectual.

La violencia simbólica contra las mujeres se evidencia en imágenes, mensajes y textos, donde se recalca la apariencia física que debemos tener de tal o cual forma; también impone “reglas” en nuestra forma de vestir y en expresiones corporales, que buscan hacernos pensar que sólo así podemos alternar o encajar en grupos sociales o estratos socioeconómicos; que incitan a la competencia y rivalidad entre las mujeres por “cazar”, conquistar, seducir, ligar, enganchar a los varones y contribuyen a acendrar más la discriminación, la desigualdad por género y la violencia en sus distintas caras.

O es que alguna vez a alguna de ustedes generosas lectoras, no les han dicho algo así como: “Uyuyuy….¿Por qué tan guapa? ¿A dónde te vas/ escapas? ¿Con quién? Es decir, se infiere que las mujeres nos arreglamos o nos esforzarnos más por vernos mejor un día, sólo porque vamos a vernos con algún galán…¿Y es por ellos que nos arreglamos? ¿Para ellos?

¿Un día que amanecimos con ganas de alistarnos con más detalle que de costumbre, qué no podemos hacerlo sólo por y para nosotras mismas? ¿Acaso siempre tiene que haber alguna razón externa a nuestro deseo o decisión que nos impone meterle más a la hojalateada personal?

¿Se dan cuenta cómo nos imponen reglas, roles y modos? Mejor háganlo a diario, si quieren esmérense e inviertan más tiempo en sí mismas, en sentirse mejor consigo mismas. Por favor, háganlo por ustedes y no por nadie más.

Cuando abordamos el flagelo social de la violencia simbólica contra las mujeres estamos señalando una forma subliminal, que parece “natural o normal” y que se reproduce a través de la estructura vertical de las familias patriarcales, donde el padre es el que manda y somete; de la maternidad forzada, cuando nos presionan a ser madres porque es lo que se espera de nosotras o porque el sólo hecho de tener un matriz que nos “obliga” ¿A tener hij@s?

Asimismo, se refuerza en la conducta del colectivo social mediante la educación androcéntrica, identificada cuando se priorizan las necesidades, derechos y preponderancia de los varones, que “son el centro del mundo…”¿De nuestro mundo?, la que les fue inducida siendo niños en las escuelas donde se alienta a reforzar su masculinidad a través de la agresividad y el dominio, en tanto, a las niñas se les encajona en la actitud dócil y servicial, como prueba de feminidad.

La educación androcéntrica justifica desde el aula el rol de las mujeres abnegadas, sumisas al servicio, para el uso, para la aprobación de los hombres; también se reverbera con el derecho monosexista, que significa el dominio de los derechos de las personas con una orientación sexual monosexual, es decir heterosexual u homosexual y de la consecuente opresión hacia aquellas personas que no lo son.

Otra faceta de la violencia simbólica es mediante el trabajo sexuado, donde las actividades, profesiones, oficios se diferencian más por género que por habilidades en igualdad de condiciones, salarios, ascensos, prestaciones; es común que las mujeres se les discrimina para trabajos menor calificados y con bajo sueldos, como es el caso de millones de trabajadoras en el mundo, que laboran con disparidad salarial: menos salario por la misma actividad que desempeñan los hombres.

Por último, la violencia simbólica se expresa también con el acoso, la humillación y la descalificación contra las mujeres, que la vivimos en todo ámbito de convivencia social. Ejemplos cotidianos: Llueven los insultos, las señales, los claxonazos contra una mujer al volante. Por el otro lado, ¿A quién no le ha “sorprendido” una mujer taxista u observar a una mujer manejando un tráiler, colectivo, camión, metro?

Nos machacan el yugo y condicionan – la familia, la sociedad, el entorno laboral, las leyes, el Estado – a ciertas conductas y tareas; etiquetan nuestras profesiones y oficios y encasillan nuestro desenvolvimiento en general sobre el “deber ser”; estas murallas que no son otra cosa que la pretensión de incubar y sobredimensionar el predominio del poder masculino, en detrimento y en contra de nuestros derechos.

Es decir, nos sobajan, nos cercan y nos disminuyen, para que ellos y ellas, – porque hay mujeres que asumiendo esta construcción cultural y social reproducen esta agresión disfrazada -, se sostengan por encima de nosotras.

Cuando remachamos en la violencia simbólica, tenemos que subrayar que cuando se trata de agredir, ahí sí son parejos.

Pregúntenles a las mujeres en puestos de mando; a las que ostentan cargos políticos, gerenciales o directivos y a las que ya están empoderadas en el servicio público y en la iniciativa privada, tomando decisiones; así también a las mujeres que aparecen en programas de tv, en comerciales, revistas y anuncios. Todas ellas padecen violencia simbólica y de alguna forma son quienes la visibilizan más, ya que permanente y públicamente son el blanco de la discriminación subliminal que, de tajo pretende empequeñecer y devaluar su contribución fundamental a nuestra sociedad que aspira a ser democrática e igualitaria; de la misma manera en el mercado laboral; en el desarrollo sostenido y crecimiento de sus comunidades; en el seno de la familia y en el desempeño de altas responsabilidades.

¿Cuántas secretarias de Estado, gobernadoras, senadoras, diputadas, empresarias, gerentas, juezas, modelos, celebridades femeninas se salvan de ser ofendidas con comentarios sexistas, discriminación, acoso, descalificaciones, mofas y sarcasmos machistas?

Da grima y coraje observar a los varones en plena sesión del Congreso estatal, cuando alguna de nuestras legisladoras camina por los pasillos, sube a tribuna, saluda educada al pasar y estos barbajanes, las desnudan, las devoran con ojos obscenos. Ya no digamos del acoso visual, lenguaje corporal, los chiflidos, la tos simulada, -hacen de todo para que una voltee- contra compañeras asesoras, asistentes, secretarias. Estos agresores se acercan, lanzan piropos, rozan las manos, los brazos…más que halagar, incomodan y molestan. Violentan.

¿Quién les da esa prerrogativa para amenazar nuestra individualidad, respeto y derechos?

Ustedes tienen la culpa porque se visten así. Dirían los machines; los doble moralinos que se golpean el pecho; los ministerios públicos ante las denuncias de violaciones, acoso sexual, golpes, maltrato. “Te lo merecías… Te lo buscaste”. Frase de violencia simbólica, otra clásica.

Lo peor y es en lo que debemos reparar las mujeres es que la violencia simbólica incide y determina el comportamiento consciente de colectivos y termina por justificar y desfogar otras formas de violencia como la física, la sexual, la económica, la psicológica, la social, la laboral, la doméstica, que terminan por fortalecer el odio hacia las mujeres sólo por serlo, disposición irracional, que usualmente ocasiona violaciones sexuales, golpizas, secuestros y delitos que llegan hasta el feminicidio.

La radiografía de la violencia contra las mujeres en México apenas es visible cuando ya es demasiado tarde. Y ahí están los datos: Entre julio de 2015 y junio de 2016 se emitieron tres Alertas de Violencia de Género contra las Mujeres; pero de julio de 2016 a julio de este 2017, ya se han decretado ocho, según datos arrojados por la Secretaría de Gobernación.

El Instituto Nacional de las Mujeres ha exigido a 51 municipios de Chiapas, Nuevo León, Veracruz, Sinaloa, Colima, San Luis Potosí, Guerrero y Quintana Roo ponerse a trabajar para garantizar el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia.

Hoy los estados en los que se acumulan las AVGM son el Estado de México, Michoacán y Veracruz, que agrupan a 36 municipios donde se han disparado los feminicidios. Y siguen matando mujeres.

Las, los especialistas puntualizan que son la educación y la difusión en medios de comunicación dos herramientas indispensables para atender, prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres y en el caso de la simbólica, la chamba es de corresponsabilidad entre sociedad gobiernos, iniciativa privada y sindicatos; entre hombres y mujeres; entre docentes y comunicadores.

La educación con perspectiva e igualdad de género, la educación inclusiva y la coeducación deben ser prioridades en las aulas y en los programas académicos de todos los niveles de escolares y de estudios. Éste es el deber del Estado.

Y en cuanto a los medios de comunicación y redes sociales el exhorto es primero a reconocer las graves y mortales consecuencias al difundir materiales, imágenes y contenidos que refuerzan la violencia simbólica contra las mujeres.

A pronunciarse en contra de estereotipos, conductas y roles donde se exhibe el dominio masculino y la subyugación femenina, porque acendran la discriminación y la violencia.

En México, en Veracruz, los medios masivos de comunicación deben ser y mostrarse solidarios con el 51% de la población veracruzana en la batalla contra toda forma de violencia contra las mujeres y a derribar la opresión subliminal masculina para fomentar y edificar una nueva cultura de Igualdad, respeto y con perspectiva de género.

En vez de denigrar a las mujeres, pueden echar mano de su diámetro de difusión para reforzar conciencia individual y colectiva sobre los derechos de las mujeres y sobre las formas de violencia en nuestra contra y a la vez, sensibilizar sobre la oportunidad de la cultura de denuncia.

La libertad de expresión también debe exigir respeto por la libertad y la vida sin violencia a las que tenemos derecho las mujeres.

Ahora que, es fundamental que medios, empresas, la mercadotecnia eviten mostrar o fomentar expresiones, situaciones, estereotipos que nos muestran como objetos, como cosas, como la periferia sometida y al servicio del centro masculino.

Pero también es tarea de las mujeres abrir bien los ojos y aclarar las mentes y darnos cuenta que somos violentadas y que lo estamos consintiendo por cómo nos han educado -deformado los roles- en la familia, en la escuela y en la sociedad.

Empecemos por liberarnos de esta máscara de opresión.

rebecaramosrella@gmail.com

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