Home 20 Columnas 20 Hemisferios 20 PRIMERAS DAMAS: LA OPACIDAD INTOCABLE

PRIMERAS DAMAS: LA OPACIDAD INTOCABLE

 

Rebeca Ramos Rella

Hace unas semanas en el marco de la reunión de los líderes de países miembros de la OTAN en Bruselas, se difundió la foto y, así también las críticas y condenas sociales a la Casa Blanca –qué raro- porque en la foto de las “Primeras Damas” donde la sonrisa perfecta de la ex modelo Melania Trump resaltó rodeada de las esposas de los hombres más poderosos del orbe. Pero oh surprise! En el pie de foto de las señoras no incluyen al varón que aparece y que resulta ser -el Primer Consorte- Gauthier Destenay, quien es el esposo del Primer Ministro de Luxemburgo, Xavier Bettel.

En las redes se devoraron a los genios de la Casa Blanca por tremenda descortesía y por abierta discriminación y violación a los derechos humanos, de género y de preferencia sexual, que la primera democracia del mundo y su ignorante mandatario enarbolan, pero no nos extrañó. Una más de las patrañas de los Trump.

Sin embargo, más allá de lo que aún falta de trecho por transitar para lograr el pleno reconocimiento y respecto a matrimonios igualitarios y a los derechos de la comunidad LBGTTT aquí y en las mentes y en las leyes de todo el planeta, es el tema de las First Ladies, lo que me ocupa esta ocasión.

Una las mira perfectamente vestidas con caros trapos, joyas y elegantes accesorios. Bastante pulidas en imagen y casi casi les creemos que conocen al dedillo las reglas del protocolo diplomático si es que acuden “acompañando” a sus maridos a las grandes arenas de toma de grandes decisiones para el mundo. Es bien conocido que en toda agenda política para los esposos poderosos, los equipos de atención y protocolo que usualmente están a cargo de los Cancilleres –Ministros o Secretarios de Relaciones Exteriores- y de las oficinas de los mismísimos Presidentes o Primeros Ministros anfitriones de cada país, quienes cuidadosamente detallan lo necesario y previsible para las visitas de Estado, foros internacionales, encuentros bilaterales y que a la vez, preparan una agenda alterna para la o las Primeras Damas o Consortes de esos mismos poderosos.

Y podemos deducir que para que las “Ladies” no se aburran mientras sus esposos analizan y determinan el destino de sus naciones o de la humanidad, los gobiernos en muestra de enorme hospitalidad alistan actividades culturales, turísticas, sociales, asistenciales, visitas, conferencias, recorridos, saludos, encuentros con instituciones y grupos. Así que la agenda alterna para las Primeras Damas, supone también la parte “sensible” de la gira de trabajo del empoderado, le abona a su capital político; vincula a los países en temas alternativos que infieren alianzas e intercambios. Todo ello usando recursos públicos para costear las agendas de la pareja.

¡Vaya que les va re bien a las esposas o esposos de las los que mandan!

Sólo que, ahí el detalle, no tuvieron que pasar por las urnas para gozar de privilegios y disfrutar del trato igual al Jefe de Estado o Gobierno con el que se desposaron.

Lucen, sonríen, se pasean, conocen más, gozan con dinero de los contribuyentes y encima son tratadas con las dispensas que la investidura de sus maridos ¿obliga? y ojo, pero mucho ojo, no tienen ni ostentan ninguna representación nacional ni deber ni responsabilidad institucional ni política, porque su condición no está regulada por ninguna ley nacional e internacional.

Se trata entonces de la mera costumbre política y de reglas de protocolo. Pero insisto a costa del dinero público. Lana de la que NADIE rinde de cuentas, ya que no existe legislación que mandate la fiscalización de los recursos que eroga una Primera Dama, ya sea del país más poderoso del orbe, de un estado, provincia o municipio. Nadie sabe ni supo, cuánto nos cuesta a quienes pagamos impuestos, la vida, el estilo, los viajes, la “labor” de estas afortunadas cónyuges. Es la opacidad intocable.

Y ¿De dónde viene la “costumbre” de denominarlas Primeras Damas? ¿Por qué la distinción? ¿Acaso las demás mujeres de un país, estado o localidad, somos “segundas”? Y el término “dama”; acaso no infiere sexismo rayando en la subcultura patriarcal? ¿Qué es una “dama” o qué calificativos ostenta una “dama”? ¿Son de este planeta?

Dicta el tumbaburros que el de “dama” es un término civil que de inicio significó “la señora de la casa” o “dueña del hogar”; pero que usualmente se adjudica a “mujeres adultas educadas de alto rango -clase- social y también a mujeres “respetables y consideradas”.

¡Vaya! Una oda a la discriminación. De manera que para ser una “dama” hay que tener educación, cultura, ser poseedora de una casa o encargarse de ella; pertenecer a la clase social alta, que implica ser rica. Sólo así, se podrá decir de nosotras que merecemos respeto y consideración, de otra forma, podemos llorar, trabajar de por vida, pero nadie nos tratará como “damas”, ni encajaremos en “sociedad”.

¿Y dónde dejan estas costumbres decimonónicas -normales, me dirían las y los ortodoxos- a las mujeres trabajadoras, a as profesionistas, a las indígenas, a las pobres, a las mujeres que no han tenido ni tienen acceso a educación equitativa, a oportunidades de superación, a ser agentes productivas independientes? ¿No se les puede considerar “damas de respeto y de consideración”? ¿Por qué la discriminación? ¿Por qué la estratificación del respeto que dictan los Derechos Humanos universales y hoy muy Constitucionales en nuestro país?

¿Qué no todas las mujeres tenemos DERECHO a ser respetadas y a ser tratadas con Igualdad ante la ley y en todo ámbito?

Ahora que, ser dama y a la vez primera dama, esto indica que la persona en cuestión es en todos los calificativos que imponen sociedades clasistas, racistas y discriminatorias por cuestiones económicas o por estrato social, genuinamente una súper mujer, sobresaliente y aceptada, que embona en los cánones rancios de sociedades de doble moral, donde ya lo sabemos, ni las “damas” ni las “primeras damas”, garantizan referencias de valores y principios y menos sirven de ejemplo para el resto de sus congéneres.

En la investigación, me encuentro con que fueron nuestros vecinos del norte los que acuñaron el término de First Lady para referirse a la esposa del presidente Rutherford B. Hayes. Era 1877 y la pionera fue la señora Lucy, pero en realidad quien le sacó más raja al mote fue la señora Eleanor Roosevelt, activísima durante la Segunda Guerra Mundial.

Son ellas ellos la sociedad estadunidense que triunfantes de la segunda gran conflagración, asientan la convicción “imperialista” de la naciente superpotencia que no sólo salvó al mundo de Hitler y del Eje del mal, con la bomba atómica, sino que la ascendió al frente del bloque occidental por encima de la anciana y monárquica Europa destruida por la guerra. Y si allá eran los reyes y reinas los símbolos de unión y de tradición, los gringos acuñan su propia costumbre con la asunción de la First Lady, que no puede ser reina en una democracia, pero sí igual o más poderosa, referencial y representativa, que cualquiera de la nobleza del viejo continente.

Y así nace el mito, el morbo, el interés y el pedestal de las Primeras Damas, las que en el mejor de los casos, aconsejan discretamente al marido empoderado pero tejen amarres, estrategias y cargos y en el peor de los casos, co-gobiernan sin haber sido votadas; inciden en decisiones, las toman, se agencian el mando desde la comodidad de la opacidad y languidez legal que no las toca, ni las acota, ni las sanciona.

Entonces las sociedades, los círculos de poder, las elites sociales y económicas, el pueblo, cuchichean, se arriman, ensalzan a la esposa del mandatario, porque saben, presienten, que ella influye en el ánimo del patriarca. Por eso y para ganarse el favor del poderoso, elevan a su mujer, como la más respetable y de consideración, como la más distinguida, fina, admirada por encima de las otras, porque así le llegan a la fibra al que manda, decide y guía.

Esta es la triste y riesgosa verticalidad en la estructura del poder en los sistemas políticos; la que depositada en una persona, sólo es alcanzable por el resto para ser escuchado y tomado en cuenta, por la vía, por la voz y por la intercesión de la que vive en su casa, con la que duerme y la que le ha dado hijos, la persona más cercana; la que en realidad lo conoce, dicen.

De repente, la señora se vuelve en el ícono de moda, de hábitos, estilos, maneras que todas quieren copiar o en el centro de la crítica, atención, chiste, descalificación. Asciende al estatus de celebridad, casi de show, de película y para las anécdotas del café.

Pero, cuidado. No soslayemos nunca el poder que este personaje difuso y confuso ante la ley tiene sobre quien puede decidir, para bien o para mal, el destino de millones.

La sociedad estadunidense creó su propia realeza y le dio a la cónyuge de su presidente, desde 1945, el hombre más poderoso del mundo, ese privilegio de trato y protocolo. Esa diferencia que imprime escondida en la costumbre social, la más detestable discriminación y los estereotipos sexistas contra las mujeres, incluso contra la mujer en cuestión.

Ahora, reflexionemos. Las mujeres que adoptamos el término “dama” como de uso cotidiano, no nos damos cuenta que estamos reproduciendo los esquemas discriminatorios que nos siguen anclando a la desigualdad de género, a las etiquetas que nos arrinconan y nos hunden en la segregación, todo ello que lleva a la violencia contra nosotras.

En verdad que deberíamos de jubilar una palabra de concepciones tan absurdas y denigrantes en este siglo y a la vez, exigir que la presencia, representación, trabajo –si es que algo hacen las dichosas “Primeras Damas” por los gobernados-, fueran debidamente legislados, regularizados por la ley y así sellar esas fugas de claridad en el uso de recursos públicos, que ya vimos, ya supimos, también pasan por la corrupción, la impunidad y el despojo social.

Inolvidables algunas Primeras Damas en México. De las que recuerdo. La incansable María Esther Zuno de Echeverría, siempre enalteciendo la “mexicanidad”, edificando desde el trabajo con los más pobres, el liderazgo global de su marido, que ya no fue; la belleza y vulgaridad de Carmen Romano y sus excesos; las discretas, lisas, invisibles Paloma Cordero; Nilda Patricia Velasco y el rumor sexenal de su enfermedad mental y la engañada y estoica Cecilia Occelli, que aguantó “el qué dirán” todo el salinato espeluznante.

La ambiciosa, metida y corrupta Martha Sahagún, que no quiso sólo ser la Primera Dama, sino la otra parte de la “pareja presidencial”, frustrada aspirante a la sucesión, ¿Quién ordenó las toallas de 4 mil pesos para sus baños en Los Pinos? Minucias y otros excesos que duermen en la impunidad.

Margarita Zavala, la única que se salva; mujer inteligente, sencilla, con luz propia, salió del reflector y guardó su talento para no hacerle “sombra” al marido, que hoy le cargan sus malquerientes, como el principal lastre para competir por la grande. Las y los misóginos propagan el “riesgo de tutelaje”. En fin, los estereotipos sexistas y el machismo al 100.

Y la joya de la corona. Pocos discreparán. La presencia, modos, imagen, discursitos, obras, acciones, gustitos de la Primera Dama al lado de un Presidente de la Republica, sí pesan, sí inclinan, sí ayudan y también, ahorcan y aniquilan. Nadie le ha hecho más daño después de él mismo, que su esposa. La gaviota se volvió una urraca. Memorable la regañiza nacional al pueblo de México. ¿Cómo nos atrevimos a dudar de su honestidad por el asunto de la Casa Blanca? Recuerdo mi asombro por semejante torpeza presidencial.

La Casa Blanca y la Primera Dama enfurecida, espetando, escupiendo rabia afirmando que ella no ha tenido ni tiene ninguna responsabilidad pública ni tenía por qué explicarnos su vida privada y sobre sus posesiones, ya que no es una servidora pública. Todo esto indignó a todo México. Logró lo que ni López Obrador en años de necedad: unir a todos, mayorías contra el presidente y su partido. Ni los desaparecidos y la impunidad de los genuinos criminales de Ayotzinapa, ni las fugas del Chapo, ni los gasolinazos, ni el vasallaje frente a Trump, ni la pobreza que nos ahoga, ni las contradicciones y protecciones a los Duarte, a los corridos cardenales del gabinete por abusivos de sus cargos, ni el bajón del peso, ni nada hizo naufragar más a Peña que la Primera Dama y su mansión capricho en las Lomas de Chapultepec. Demasiada ofensa para la miseria de millones de mexicanos. Y encima la negación de su deber con el pueblo. Muy mal.

Y si aterrizamos acá a la tierra. Más pavoroso. Los últimos dos sexenios, fueron ellas, las Primeras Damas, el terrorismo político y psicológico, el saqueo financiero, el escándalo, la hipocresía y la sentencia. Karime hoy acapara la marquesina, pero doña Rosa, en verdad fue temida inolvidable. Reclutó a una verduga que con tribuna en prensa, -hoy está tras las rejas por ladrona- bien planeó la tortura en columna dictada para usualmente ridiculizar, agredir, amenazar e insultar a las mujeres de aquel gabinete. “Mandaba decir”. Varios cabizbajos rumoraban sus excesos, su ambición de poder y de recursos; la “influencia” que la negociación entre pares era evidente al grado de usar la varita mágica para quitar y poner funcionarios, candidatos, aliados a capricho y conveniencia; para hundir o regalar posiciones; para hacer y deshacer con el presupuesto público y por supuesto para cuidar de su delfín, el consentido, el señor sonriente tras las rejas en Guatemala. Ella hizo, procuró, intercedió por Duarte y ahí están las consecuencias del dominio y de la protección que de ella siempre tuvo y tiene aquél malhechor. Veracruz en la ruina.

“¿Y por qué permites que te grite y te insulte; ella no es tu jefa?” Exacto, pero era la Primera Dama y como todas, asumen el poder que nadie les ha dado, ni fiscalizado ni se han ganado. Bella, tal vez brillante, pero la más irascible y grosera y todos éramos sus “empleados” y de su tablita, todos podíamos caer, porque a ella como a Karime, no las trataban como las esposas de los electos constitucionalmente, sino como las “Gobernadoras”.

Hoy ambas viven en la impunidad terrenal y celestial. Una goza de libertad inexplicable, tras la exhibición de cuadernitos y cuentas y los 41 mdp que se guardó del DIF, dicen, sólo el primer año de gobierno, pero hasta ahí queda la nota, no hay denuncia investigación ni justicia. La otra, viaja, sueña intocable, supongo que “por ser una dama”; disfruta de sus millones -los de ella, los de él y los centavos de todos nosotros- lejos de la ley y del repudio social, pero si no se acuerdan, Duarte era casi su hijo, el proyecto transexenal e hizo todo para encumbrarlo. Lo vieron. Se sabe.

Creo que la mórbida tentación y el éxtasis y privilegios de la borrachera del poder político y económico que facilitan las jerarquías vía las urnas de los maridos, marean, seducen, fascinan, contaminan a las esposas, quienes de pronto se toman atribuciones ilegales, maneras excesivas, mañas represivas, costumbres arbitrarias y bastante corruptas y adoptan el mando como en el tablero de ajedrez, donde hay rey y, también reina. Tanto que desde Marthita, las cónyuges se vieron en el espejo una mañana y decidieron que también podían ser políticas y gobernantes y legisladoras. Que podían ganarse la simpatía del pueblo repartiendo despensas, cobijas, láminas y abrazando a los desvalidos y desfavorecidos. Un día tal vez, leyeron la biografía de Eva Perón y algo sobre Hillary y a lo mejor hasta algo de Michelle Obama y se convencieron que podían, que ya sabían mandar y gobernar.

Y como la ley electoral mandata que ahora sí hay paridad en las candidaturas al 50/50, podían pelear “la cuota de género” dentro del partido de los maridos, ex diputados, ex senadores, ex alcaldes, ex gobernadores, una posición. “Ya me conocen…hice buen trabajo en el DIF…saben que me preocupo por sus necesidades y reclamos…” y voy para Presidenta Municipal. Y muchas ex Primeras Damas municipales, se la jugaron en esta reciente elección. Ya saben, ya se pasearon con el pueblo. Y varias ganaron y sus hijas, sobrinas, familiares, también. ¡Qué alegría que de 212 municipios tengamos 56 Presidentas municipales! Pero saber mandar, incidir, manipular decisiones, cargos, recursos discrecionalmente y tras el trono, no es saber gobernar. Ya se verá.

En estos días que vuelve la transparencia institucional y la rendición de cuentas claras a estar de moda, ¿Acaso no sería obligado revisar este hoyo negro universal en nuestras leyes y en el sistema político y por fin transparentar y regular con la ley, el rol, los deberes, los gastos, las responsabilidades y las acotaciones que las First Ladies desde el municipio, el estado y el país, debieran acatar?

¿Alguien sabe cómo se ha manejado el Sistema DIF a nivel estatal federal y municipal? ¿Y en Veracruz, alguien sabe por qué razones, cómo, cuánto y bajo qué lineamientos se operó la Cumbre Tajín desde el DIF estatal? Por ejemplo. Mucha oscuridad en la entrada y administración de esos recursos que también son públicos y por ende deben estar bajo vigilancia sin sospechas.

Las Primeras Damas sí tienen responsabilidades institucionales desde el momento en que al acompañar a sus maridos mandatarios, también participan en Visitas de Estado al exterior, por ejemplo. Son tratadas con la misma investidura y atenciones que sus cónyuges; departen con gobernantes y monarcas; gozan de distinciones y privilegios extraordinarios; se usan recursos públicos nacionales para sus agendas alternas; de alguna manera “representan a las mujeres de México”, sin llevar tal encomienda. Todo queda ambiguo en su participación en encuentros, cenas de gala y recibimientos oficiales. Y si permanecen en esos países ajenos unos días más, como Angélica Rivera, ¿Quién costea sus gastos, traslados y estancias? No se sabe. No queda claro. Igualmente, como las esposas de gobernadores, no tienen cargo no tienen salario, no hay figura constitucional que las regule y que las cerque pero tienen manga ancha para ir y venir hacer y deshacer decidir y mandar, sin que nadie las ponga en su sitio, que es el de cualquier esposa, a la vida privada y ya.

Ahora que si van a co-gobernar, habría que elegirlas también y si van a asumir deberes institucionales, entonces la ley Suprema y las de Responsabilidades de Servidores Públicos de la Administración Pública deben revisarse para sumarlas a la acotación legal. Y si no, que se establezcan limitaciones y sanciones de su actuar en el caso.

Y si no, que en acuerdo bilateral opten por permanecer al margen. Pero si el Sistema DIF se creó para darles plataforma y labor, entonces hay que reformar al DIF en denominación, deberes, atribuciones y fiscalización. Lo mismo para las esposas o cónyuges de representantes populares. Es costumbre que en viajes interparlamentarios, acompañen a sus parejas y los gastos corren por cuenta de las Legislaturas, dinero público que sale y no se transparenta.

Los mexicanos hemos mantenido a muchos corruptos empoderados; el colmo es tener que mantener también placeres y privilegios de sus esposas y esposos. Nadie le ha entrado.

Tal vez ya sea hora de regular a las Primeras Damas o Primeros Consortes. La otra cara del gobernante es su pareja y como ya supimos, también roban, también engañan, también controlan, también se burlan de la ley y de todos nosotros. Nadie puede ser intocable ni de primera ni de segunda ante la Constitución. Ya es tiempo.

MERIDIANOS OESTE

93° Se concretó el desafuero contra la hoy ex Diputada local Eva Cadena. Los suyos se encargaron de hundirla y de sacudírsela a López Obrador. Qué eficaces en la aplicación de la ley, sorprenden. El desafuero fast track deja sabor a misoginia y de uso parcial de la ley también. Hay varios legisladores federales y locales que gozan del fuero con probados delitos. Para ellos no hay urgencia. Sí que los protegen y les hacen larga y lánguida la aplicación de la justicia. Qué desgracia.

94° Quien pega primero pega más fuerte, dicta el dicho popular. Pero se retuercen. Evaden, el ego masculino y uno que otro orgullo misógino no lo acepta. Nada peor que el ataque para defenderse y no abordar la sustancia del problema con institucionalidad y con inteligencia. Hay opacidad en el Congreso del Estado denunció la Dip. Cinthya Lobato; de manera que lo correcto es que haya transparencia. En la casa del pueblo veracruzano la congruencia urge. Donde se hacen y mejoran leyes es donde primero hay que garantizar su puntual cumplimiento. Así de simple. Las leyes y su aplicación, respeto y garantía jamás deben ser rehenes de intereses particulares, ni de partidismos facciosos; tampoco los recursos públicos, que ahí mismo se ordena distribuir con equidad y rendición de cuentas. La cargada atizó la valentía de la legisladora sin reparar que su sola denuncia es la que salva el “cambio” que tanto han prometido y remarcado los de su mismo partido. La estrategia apropiada, dirían los pragmáticos y si se pretendía desinflar el escándalo y las sospechas, era respaldar una investigación y cumplir con la transparencia en el uso y manejo de recursos públicos en la sede soberana, no buscar la paja en el ojo ajeno.

95° Y la justicia divina operó…los especialistas del Instituto Mexicano para la Competitividad -IMCO- a 3 semanas del suceso, dieron toda la razón y el fundamento a la Dip. Cinthya Lobato. La transparencia borrosa y imprecisa en nuestro Congreso. Numeritos hablan. En el Informe Legislativo 2017 afirman “se consultaron 32 sitios web, se revisaron 65 marcos normativos y 32 tomos de cuenta pública. Además, se enviaron 800 solicitudes de información de las cuales el 79% fueron respondidas de manera satisfactoria (…) los congresos con menor porcentaje de respuestas adecuadas fueron Morelos (36%), Veracruz (32%) y Colima (16%)… Los congresos con más comisiones son los de Chiapas (42), Oaxaca (40) y Veracruz (40). En el último año, las legislaturas que crearon más comisiones fueron Veracruz (6), Baja California Sur (5) y Morelos (5)…” y hay crisis financiera en el estado pero subió en un 14.2% el presupuestos con casi 176 mdp para la Legislatura actual donde cada diputad@ local nos cuesta 13.5 mdp…Chéquenlo completo http://imco.org.mx/competitividad/informe-legislativo-2017/

96° Fue esguince tercer grado; el residuo boludo de cemento pegado en el pavimento que dejaron por fiaca, los de CMAS Xalapa afuera de la casa; luego la distracción, el espasmo terrible y la resignación. Pero igual al dolor, la impotencia, la sorpresa y la indignación. El sábado 17 de junio, entre las 21 y las 23 horas, ni en la Cruz Roja, ni en el Hospital Civil y tampoco en el Centro de Especialidades Médicas hallamos un Radiólogo para tomar unas placas urgentes. “No está, hay que llamarlo…espere unas dos horas…entre y búsquelo usted, quién sabe dónde anda…” y afuera decenas de personas y heridos y adoloridos conformándose en la que pintaba una tediosa madrugada de des-espera. Y una se pregunta ¿¿Dónde andarían lo@s Radiólog@s en una noche que en promedio hay más accidentes?? Nuestros hospitales públicos en Xalapa, una monserga…Nada nuevo, eso es lo más trágico.

 

rebecaramosrella@gmail.com

Sobre Redacción Zonadenoticias

Comentar